miércoles, 5 de mayo de 2010

Crónica de Analía Moure

Un evento que atrae a miles de personas por año es, sin lugar a dudas, La Feria del Libro. Un ejemplo de su convocatoria, fue la cantidad de público que asistío el 1 de Mayo. Un día feriado que congregó familias, amigos, parejas de todas las edades, que se mezclaron entre los coloridos y laberínticos pasillos del predio de la Rural.

La feria tuvo su punto álgido en lo que se llamo "La noche de la Ciudad en la Feria del Libro", promovida por diversos medios de comunicación -diarios, televisión, radio-. Desde las 21 horas hasta la 1 de la mañana del Domingo, se podía ingresar gratuitamente al predio. Pudiéndose disfrutar de eventos literarios, espectáculos musicales y de teatro, como también aprovechar ofertas y descuentos especiales que realizaron algunas editoriales.

La oferta de libros y revistas era importante en los diversos stands, la mayor parte de los asistentes se detenían a observar precios y variedad; pero nadie compraba. Con el elevado valor de la entrada -para quienes ingresaron durante la mañana o la tarde-, no se incluía ningún descuento para utilizar en algún servicio o producto. Sólo el ofrecimiento de material gratuito, panfletos y muestras gratis, llenaban las bolsas de los visitantes.

Los stands de marcas y editoriales de renombre figuraban en estructuras de gran tamaño, multimedias: llenos de plasmas, cupones para algún concurso y un lugar para sacarse foto insertando la cara en un hoyo. En su mayoría, ni siquiera promueven la venta de algún producto editorial, sino algún producto comestible -ej. Mamá Lucchetti-, o servicio -ej. Pintura artística-.

No solo hay empresas conocidas; Las pequeñas firmas y grupos, incluyendo a las de material específico -ej. Arquitectura y diseño gráfico- o temáticas -religiosas-, tenían su lugar, ofreciendo la firma de libros de diversos autores, los 2x1, o descuentos en la compra.

El pabellón del bicentenario competía en tamaño, interacción y avances tecnológicos, con los 2 diarios de tirada nacional: La Nación y Clarín, quienes también tenían un pabellón de tamaño similar. Ambos publicitando eventos de características similares -conferencias, charlas, debates, radios-, pero con personalidades absolutamente distintas: Magdalena Ruiz Guiñazú, Ricardo Piglia, Rep, Ejercito Argentino, Norberto Galasso, entre otros.

Se podía percibir en la zona infantil un moviemiento constante: chicos corriendo, gritando, tocando todo, pero lo que llama la atención, leyendo libros con una concentración notoria. Mientras, los padres, disfrutaban tranquilos un momento, de un café o una comida en el restaurant aledaño. O bien, hacían compañía a los chicos en la lectura.

Los sectores de lectura, junto con las visitas de personajes populares, son los lugares de mayor circulación de los visitantes: el poder fotografiarse junto a ellos,pedirles un autógrafo, compartir un breve diálogo o disfrutar de algún material de lectura de forma gratuita, son posibilidades que se generan frente a los elevados precios, que golpean al bolsillo del consumidor.

Hablando en líneas generales, en la feria, se intenta atraer una diversidad de público a través de los años. Adaptándose a sus gustos y necesidades, el evento se amplía más, para poder ofrecer no solo libros, sino espectáculos, servicios y tecnología: uso de computadoras, y sistemas para bajar música, que la convierten en una exposición multimedia.



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