La feria tuvo su punto álgido en lo que se llamo "La noche de la Ciudad en la Feria del Libro", promovida por diversos medios de comunicación -diarios, televisión, radio-. Desde las 21 horas hasta la 1 de la mañana del Domingo, se podía ingresar gratuitamente al predio. Pudiéndose disfrutar de eventos literarios, espectáculos musicales y de teatro, como también aprovechar ofertas y descuentos especiales que realizaron algunas editoriales.
La oferta de libros y revistas era importante en los diversos stands, la mayor parte de los asistentes se detenían a observar precios y variedad; pero nadie compraba. Con el elevado valor de la entrada -para quienes ingresaron durante la mañana o la tarde-, no se incluía ningún descuento para utilizar en algún servicio o producto. Sólo el ofrecimiento de material gratuito, panfletos y muestras gratis, llenaban las bolsas de los visitantes.
Los stands de marcas y editoriales de renombre figuraban en estructuras de gran tamaño, multimedias: llenos de plasmas, cupones para algún concurso y un lugar para sacarse foto insertando la cara en un hoyo. En su mayoría, ni siquiera promueven la venta de algún producto editorial, sino algún producto comestible -ej. Mamá Lucchetti-, o servicio -ej. Pintura artística-.
No solo hay empresas conocidas; Las pequeñas firmas y grupos, incluyendo a las de material específico -ej. Arquitectura y diseño gráfico- o temáticas -religiosas-, tenían su lugar, ofreciendo la firma de libros de diversos autores, los 2x1, o descuentos en la compra.
El pabellón del bicentenario competía en tamaño, interacción y avances tecnológicos, con los 2 diarios de tirada nacional: La Nación y Clarín, quienes también tenían un pabellón de tamaño similar. Ambos publicitando eventos de características similares -conferencias, charlas, debates, radios-, pero con personalidades absolutamente distintas: Magdalena Ruiz Guiñazú, Ricardo Piglia, Rep, Ejercito Argentino, Norberto Galasso, entre otros.
Se podía percibir en la zona infantil un moviemiento constante: chicos corriendo, gritando, tocando todo, pero lo que llama la atención, leyendo libros con una concentración notoria. Mientras, los padres, disfrutaban tranquilos un momento, de un café o una comida en el restaurant aledaño. O bien, hacían compañía a los chicos en la lectura.
Los sectores de lectura, junto con las visitas de personajes populares, son los lugares de mayor circulación de los visitantes: el poder fotografiarse junto a ellos,pedirles un autógrafo, compartir un breve diálogo o disfrutar de algún material de lectura de forma gratuita, son posibilidades que se generan frente a los elevados precios, que golpean al bolsillo del consumidor.
Hablando en líneas generales, en la feria, se intenta atraer una diversidad de público a través de los años. Adaptándose a sus gustos y necesidades, el evento se amplía más, para poder ofrecer no solo libros, sino espectáculos, servicios y tecnología: uso de computadoras, y sistemas para bajar música, que la convierten en una exposición multimedia.
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