miércoles, 26 de mayo de 2010

Crónica de sábado en la facultad por Agustina Caferri

“Me da sed cuando estoy nervioso”, dijo alguien. La cantidad de estudiantes indicaba que allí no era un sábado por la mañana como cualquier otro. Al entrar al edificio, ubicado en Ramos Mejía 841, la escena corroboraba que se llevaban a cabo los exámenes finales del turno mayo. Un suceso que había comenzado el lunes 10 y modificó la vida diaria de la Facultad de Ciencias Sociales.
Los estudiantes sentados con los apuntes sobre el regazo habitaban los pasillos, otros caminaban de un lugar a otro. Había un murmullo constante. En la puerta del aula 8, se veían cabezas que se amontonaban. “¿Para firmar la libreta es acá?”, se escuchó. Pero nadie respondió.
Un profesor con anteojos salió para llamar a los alumnos que daban “libre” y también a los que rendían el final en condición de “regular”. Nadie sabía quién sería el próximo e ingresaban al aula de a cuatro, tras oír sus nombres y apellidos. La misma escena se reiteraba en otros sectores del edificio.
En el cuarto piso, en la puerta de la 402, Mercedes de 26 años esperaba a ser llamada y dijo que: “En mayo no se anota mucha gente” y comentó que ansiaba sacarse más de cuatro en la materia Instituciones Internacionales. “Aunque con aprobar me conformo”, agregó la joven.
De a poco, los pasillos quedaron despejados. En unas horas más, cerraría la facultad. Algunos estudiantes, quedaron satisfechos por haber aprobado el final. Los desanimados, se sacaron un dos. Otros alumnos, quizás no rindieron y optaron por presentarse en la próxima fecha de julio, cuando la Facultad de Sociales reciba-nuevamente-otra ola de exámenes.

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