viernes, 28 de mayo de 2010

Posteo 4 de Julia Grandoli

El sábado en la facultad, un día distinto

Ir a la facultad el sábado a la mañana tiene algo distinto a cualquier otro día de la semana. Implica varias cosas, entre ellas levantarse temprano justamente un día sábado, día en que muchos aprovechan para descansar y dormir hasta tarde, eso es algo que realmente cuesta bastante. Otra de las cosas en las que influye es en el hecho de que se acorta el fin de semana, o por lo menos da esa sensación, teniendo en cuenta que el viernes hay que acostarse temprano para poder rendir y prestar atención al día siguiente en la clase, y si por lo contrario se decide salir hay que tener en cuenta que eso significaría ir a cursar sin haber dormido lo suficiente, y atenerse así a las consecuencias que lo mismo ocasionaría.
Por otra parte vale destacar el tema del transporte público al momento de viajar hacia la facultad. Los horarios de colectivos, subtes, son distintos durante el fin de semana, son mucho más espaciados.
Cursar el sábado sin dudas tiene algo totalmente distinto a cualquier otro día de cursada, pero no solamente en lo anteriormente mencionado, lo cual más bien es de carácter negativo, sino que también posee otros aspectos, aspectos positivos. La facultad es mucho más tranquila sin las multitudes de alumnos caminando por los pasillos, sin el continuo murmullo que llena el ambiente. Las clases son mucho más distendidas y relajadas ya que dicho clima de tranquilidad ayuda para eso. Son clases en las que por lo general no falta el mate con algunas galletitas para hacer más grata la cursada.
Por lo que a pesar de que cuesta levantarse, de que el fin de semana parezca más corto, y de que el viajar implique algo de dificultad, el clima que se vive en la facultad el día sábado permite tener clases diferentes, es decir, mucho más amenas que en un día de semana.

jueves, 27 de mayo de 2010

Posteo 4 de Guadalupe Pérez Gaviña

Barrio porteño de Almagro, Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, el edificio tiene dos accesos: uno por la calle Flanklin y el otro por Ramos Mejía. Ambas entradas tienen la fachada destruida, la pintura vieja y desgastada, aires acondicionados antiquísimos y una bandera argentina andrajosa, sólo se puede distinguir la insignia porque flamea en un mástil. La primera impresión es de una “casa tomada” al mejor estilo Julio Cortázar y no una casa de altos estudios. ¿Cómo es la gente estudia allí?, ¿Cómo es adentro?
Gente que va y viene, todos tienen entre 20 y 30 años, hay muchos grupitos hablando, algunos se ríen, otros conversan ansiosamente. Hoy es una fecha especial porque se toman los finales de turno de mayo. La mayoría tiene puesto zapatillas y jeans, libros en la mano, apuntes, fotocopias y resúmenes. Mientras que unos fuman, otros mascan chicles, toman mate, comen galletitas.
Tanto en los pasillos como en las aulas se advierte el mismo patrón que en la fachada: pintura gastada, paredes escritas, suciedad. En los corredores hay muebles para que los alumnos se sienten, escritorios de las agrupaciones políticas, carteles pegados en los tirantes del techo, los muros, las puertas de las aulas, los pisos. Absolutamente todo se encuentra cubiertos por pancartas, anuncios, invitaciones y reclamos, literalmente hay un diálogo entre todas las inscripciones.
Si bien esta situación edilicia es una constante entre las facultades de la Universidad de Buenos Aires, la sede de Sociales de Parque Centenario tiene una mística especial, tanto a los alumnos como a los docentes, no parece afectarles en demasía las condiciones en las que cursan: si las sillas están rotas se sientan en el piso, si no anda el ascensor suben por la escalera. Tienen una especie de voluntad sobresaliente por estudiar y apoyar a la educación pública. En este mundo despiadado es como un oasis en el desierto.

Crónica de un sábado en la Facultad

La mañana del sábado se presentó muy fría y en la Facultad de Sociales. Se siente con mayor intensidad el cambio de estación.
En la planta baja, una chica se encoje ante la ráfaga otoñal que se cuela por la entrada de Franklin y Ramos Mejía. Camina de forma distraída hasta las escaleras que conducen al primer piso, sube a toda prisa sorteando las mesas de los centros estudiantiles y sus carteles con distintas consignas. Las barandas de la escalera aparecen con pancartas con mensajes y al llegar al descanso, se choca de frente con coloridos y artesanales afiches de algún grupo que no posee más que algunas temperas y muchas ganas de transmitir su ideología.
Siguiendo por el piso superior se repiten los distintos anuncios que van pregonando ideales de distintos grupos antagónicos descalificando y menospreciando todo pensamiento contrario al propio.
Es muy bueno estar en democracia, poder expresarse libremente y que haya cierta autonomía de pensamiento. Pero también la democracia es una forma de convivencia social, en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.
Una democracia auténtica, es además, aquella que respeta las reglas y valores de una sociedad. El respeto en las relaciones interpersonales comienza en el individuo, en el reconocimiento del mismo como entidad única que necesita que se comprenda al otro. Consiste en saber valorar los intereses y necesidades de otro individuo.
Cuando escasea la falta de interés, se deteriora o pierde presencia, es que alguien ha dejado de sostener aquellos valores por los cuales se rige la convivencia en una sociedad bien conformada y es así, como por la actitud de algunos que deciden que no somos parte de un todo y que no necesita de los demás.
La sede de Parque Centenario es el fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos, donde cada uno expresa sus ideas defendiendo sus derechos, sin importar si en dicho emprendimiento se pisotea el de los demás.
Es oportuno reveer el papel que cada uno ocupa dentro de ésta sociedad, ya sea estudiante, profesor, empleado, etc.; así de alguna manera poder comenzar a transmitir el respeto y el cuidado de nuestros espacios públicos, máxime si ésta institución es la responsable de formar a los futuros comunicadores.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Posteo IV - Crónica de María Inés Vasquez

Un sábado en la facultad

No hay nada que cueste más que levantarse un sábado a las 7 de la mañana, más si es para ir a la facultad. Pero siempre hay que encontrarle un lado positivo. Un día así no pueden faltar el mate y las galletitas, es un clásico. Por otro lado, no hay nada que borre la cara de cansancio, menos si saliste el viernes a la noche.

Salir de tu casa es toda una odisea. Primero, antes de poner un pie en la calle, chequeas que tengas mínimamente la ropa bien puesta, ya que un sábado a la mañana te levantas con el tiempo justo. Nada de desayunar, no podes desperdiciar el tiempo en eso, ya que tenés que alcanzar el colectivo a tiempo.

En el hipotético caso de que perdieses el colectivo, y no tan hipotético ya que lo soles perder sábado por medio, pensas que no hay problema, hasta el profesor es considerado los sábados y tiene en cuenta que alguno puede llegar tarde. Esas son cosas que sólo pasan los fines de semana, en la semana ningún profesor va a considerar la llegada tarde, pero un sábado se perdonan cosas de este estilo.

Ingresas a la facultad un sábado por la mañana con el mejor buen humor que pudiste rescatar en todo el trayecto hacia la misma. Ver a tus compañeros que te esperan con unos ricos mates y galletitas te levanta completamente el ánimo, esas son las cosas por las que vale la pena cursar un día como estos.

Cuando pensas que el sábado termina, y que ya podes empezar a hacer planes para la noche, al profesor se le ocurre dejar de tarea un trabajo práctico que sabes te va a llevar mínimo todo el fin de semana. Tu principal meta es hacerlo el domingo, ya que siempre lo dejas para último momento.

Tratando de que el dichoso trabajo no arruine tu sábado, te retiras de la facultad con un excesivo y fingido buen humor. Diciendo ‘nada va a desmoronar mi fin de semana’, sabiendo por dentro que vas a estar todo el domingo encerrado tratando de terminar tu tarea para la facultad.

CRÓNICA DE LA FACULTAD/ Valeria Carasa

Convulsión en la facultad

Día Sábado, 11.30 Hs. Caminata por la facultad de Sociales, precisamente sede en Parque Centenario. La direccionalidad era en descenso desde el 4to piso, pasando por los pasillos del tercero, desembocando en la escalera para luego seguir por los pasillos del segundo. Ambiente raro, poco habitual, algo desorganizado y muy concurrido.

Tráfico, sí tráfico, esa era la palabra elegida para describir ese congestionamiento entre unos y otros. Se chocaban, se rozaban, algunos se acumulaban en las puertas de las aulas, no en cualquieras, sino en las claves, en aquellas que otorgan más espacio y lugar, esas donde se dan teóricos tan concurridos. Finalmente el grupo proveniente del cuarto piso se detuvo allí en la esquina de los cafés, frente a la 201. Esperaron su turno, habían algunos más adelante que pedían lagrimas, cortados, cortados y más cortados. Llegó su turno, adquirieron sus clásicos cafés del Sábado y algún que otro paquete de galletitas e inmediatamente no tardaron en huir de nuevo hacia las escaleras con rumbo ascendente, aunque esta vez, el viaje era más corto: Decisión estratégica de espacio…El tercer piso había sido el menos poblado en el recorrido por llegar a sus clásicas dosis de café de los Sábados, por lo tanto, era el elegido para instalarse.

Arrimando los últimos escalones y observando el panorama casi vacío del pasillos central, los alumnos asentaron con sus cabezas mirándose entre si como afirmando que el tercer piso fue la mejor elección: Automáticamente se plasmaron en posición de indio en el piso a escribir en sus cuadernos, cuando de repente, todos detuvieron su mirada en un joven de camisa blanca que pasó caminando en la desolación del pasillo. Lo particular era su concentrada mirada en el piso, y sus movimientos de labios que dejaban salir palabras por lo bajo mientras caminaba con unas hojas impresas con renglones resaltados en mano que daban cuenta de ser una especie de resumenes. Era eso, estaba estudiando, no estaba loco, sino repasando para un examen. La convulsión de este Sábado facultativamente atípico era hija de finales.

Crónica de sábado en la Facultad por Florencia Cruz E.

Termómetro de examen

Eran las 11.35 de un sábado de Mayo, el cielo parecía romper en llanto de un momento a otro entre relámpagos y truenos. En la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA trascurrían las horas como en un cuentagotas para algunos jóvenes. Era semana de exámenes finales y libres y varios alumnos iban llegando a la Universidad.

Entrando por la calle Franklin podía observarse charlas pre-oral del tipo: ¿Ya te anotaste en la lista que pegaron en la puerta del aula?, ¿Estudiaste Ford? Los nervios iban adueñándose de los rostros de muchos jóvenes.

A diferencia de la gran mayoría, hay quienes preferían el aislamiento y repasaban hasta el último minuto antes de entrar al aula. A este grupo se lo podía localizar en las escaleras, en los rincones de los pasillos o en fondo de un aula vacía. Se sumergían, de un momento a otro, en una atmósfera de apuntes tomados en clase y libros fotocopiados, en espera de la fatídica y tácita llamada a rendir.

Un grupo de jóvenes se agolpaba en la puerta de un aula para ver qué profesores estaban tomando examen. Se horrorizaban al ver las caras de miedo e infortunio de quiénes estaban en el banquillo de los rendidores, se preguntaban cuánto más los tendrían allí sentados.

A su vez, quienes salían del homérico oral de Semiótica debían dar una especie de conferencia de prensa a quienes esperaban rendir examen. Una alumna contaba a grandes rasgos lo que le preguntaron, los ejemplos insólitos que uso, los cuales obviamente tuvo justificar. Aconsejo al resto que hagan hincapié en ciertos autores, que traten de empezar hablando ellos de un tema ya que de este modo evitaría el incesante bombardeo de preguntas por parte del docente.

Pasaban las horas y lentamente se iban despejando los pasillos de la facultad. Era hora del último estudiante, salió de rendir como ingresó al aula, indiferente. Nadie le preguntó como le fue porque estaba solo, ya todos se habían retirado.


CRÓNICA DE LA FERIA DEL LIBRO/ valeria carasa

Primer domingo de Mayo de 2010. Promediando las 17.30 Hs. 36 ° feria del libro en Buenos Aires, casi colapsada. La muchedumbre iba en fila desde la esquina del predio de exposiciones en Av. Sarmiento y Av. Santa Fe hasta la entrada principal de la feria, sobre Av. Sarmiento, yendo para el lado de Libertador. Una vez pasada la reja del gran portón de entrada la inevitable imponencia de los carteles luminosos con motivo del Bicentenario daban la bienvenida a la feria: 200 años de Revolución, Argentina 2010, eran algunos de los Slogans. Pasando al hall de entrada del pabellón rojo que destacaba un cartel de Coca –Cola gigante colgando del centro del techo, se puede ver gente acumulada como esperando en uno de los bordes correspondiente a la entrada de la sala de conferencias – parece que Pigna daba una charla a las 19.00 Hs-. Finalmente, en dirección derecha a la puerta de conferencias nacía un pasillo de tamaño no muy cómodo, que conectaba al pabellón amarrillo, donde se dejaba ver que la gran circulación de personas generaba algo así como una especie de tráfico humano entre los pasillos formados por las ubicaciones de los stands. Una vez allí empezó la acción.

Cámara filmadora en mano, otra con una cámara fotográfica, y las dos restantes miraban detenidamente los stands y daban indicaciones de posibles puntos a captar. Luego de varias recorridas y ojeadas a los puntos relevantes de la feria, se hicieron algunas entrevistas para ajustar lo que se quería mostrar en el trabajo de estudio, y consecuentemente se concluyó dar por hecho la captación de imágenes de la feria. Siendo poco más de las 19.00 Hs, dos de las integrantes decidieron partir para sus hogares, mientras que las otras dos restantes optaron por hacer algunas recorridas más. Acá empezó la real recorrida.

Relajadas, sin la imaginaria investidura de estudiantes, sin ese ojo de búsqueda de cosas necesariamente relevantes, sin esa no desviación del eje de trabajo, así, chusma y frescamente se lanzaron a los stands a hurgar todo lo que se pueda. A principio era todo normal, literatura latinoamericana, best Sellers, reediciones, etc. Nada llamativo hasta el momento.“Quiero algo que no pueda conseguir en todas las librerías, que valga la pena comprarlo acá”. Una comentó a la otra, y siguió: “Vamos a buscar Los Diarios de Warhol, hace tiempo los busco y no los puedo conseguir”. Empezó la búsqueda: Stands de editorial Atlántida, libros de arte, grandes pintores, movimientos artísticos: Romanticismo, Impresionismo, Cubismo, Surrealismo… Pero nada de Warhol. Editorial El Ateneo, lo mismo, movimientos artísticos, grandes pintores: Miguel Ángel, Miró, Dalí, nada de Warhol. Editorial Planeta, acá se puede decir que la variedad es más amplia, se localizan libros de movimientos artísticos y vanguardias, algo de arte pop, movimientos culturales de los ’60, comunicación Pop, pero… De Los diarios… nada…
La interesada en este caso decidió consultar a uno de los chicos de camisa y pantalones de vestir con distintivos abrochados con su nombre y el logo de la editorial: “Una pregunta. ¿Tenés idea acerca de Los diarios de Warhol? Mmmm…- Contestó- Sino esta en el sector de arte no hay nada. Otra vez a revolver el sector de arte pero no hubo caso, Los Diario jamás asomaron solapa. Ya encabronada y con justa causa, la interesada, optó por ir al sector ubicado en la parte de abajo al de Arte, donde se podía ver una gran mezcolanza de temáticas libreras que no coincidían con el rotulo del sector, y donde la gente ya molestaba entre sí husmeando y toqueteando los libros.
Buscando, buscando, - ya descartando la ilusión de Los Diarios y tomando una actitud más conformista de la búsqueda- se llegó a un interesante, lindo y durito libro de cultura urbana. Con fotos extraordinarias, en color y blanco y negro, de diversos fotógrafos latinos y estadounidenses, con una muy buena calidad de papel y referencias a la cultura Punk, Graffiti, Hip-Hop, y otros fenómenos de últimas décadas del S. XX. Un libro que parecía muy atractivo respecto a lo que ella venía leyendo e interesado en los últimos tiempos. Paso siguiente, era preguntar el precio, pero, la compañera de grupo le indicó que la mayoría de la gente se estaba manejando con un sistema detector de código de barras que por medio de una mini pantallita analógica informaba el precio de cada libro. Al pasar el libro por el aparato la pantallita mostró el precio, el par de ojos y cejas de la estudiante mostraron conjuntamente el gestode asombro emitido: El precio era ni más ni menos que 320 pesos.Inmediatamente dejaron todo lo que estaban ojeando y decidieron irse.
En la feria del libro no se encontró lo no encontrado en las librerías, y lo que era más llamativo y cautivador tenía muy altos costos monetarios.

Crónica de sábado en la facultad por Agustina Caferri

“Me da sed cuando estoy nervioso”, dijo alguien. La cantidad de estudiantes indicaba que allí no era un sábado por la mañana como cualquier otro. Al entrar al edificio, ubicado en Ramos Mejía 841, la escena corroboraba que se llevaban a cabo los exámenes finales del turno mayo. Un suceso que había comenzado el lunes 10 y modificó la vida diaria de la Facultad de Ciencias Sociales.
Los estudiantes sentados con los apuntes sobre el regazo habitaban los pasillos, otros caminaban de un lugar a otro. Había un murmullo constante. En la puerta del aula 8, se veían cabezas que se amontonaban. “¿Para firmar la libreta es acá?”, se escuchó. Pero nadie respondió.
Un profesor con anteojos salió para llamar a los alumnos que daban “libre” y también a los que rendían el final en condición de “regular”. Nadie sabía quién sería el próximo e ingresaban al aula de a cuatro, tras oír sus nombres y apellidos. La misma escena se reiteraba en otros sectores del edificio.
En el cuarto piso, en la puerta de la 402, Mercedes de 26 años esperaba a ser llamada y dijo que: “En mayo no se anota mucha gente” y comentó que ansiaba sacarse más de cuatro en la materia Instituciones Internacionales. “Aunque con aprobar me conformo”, agregó la joven.
De a poco, los pasillos quedaron despejados. En unas horas más, cerraría la facultad. Algunos estudiantes, quedaron satisfechos por haber aprobado el final. Los desanimados, se sacaron un dos. Otros alumnos, quizás no rindieron y optaron por presentarse en la próxima fecha de julio, cuando la Facultad de Sociales reciba-nuevamente-otra ola de exámenes.

martes, 25 de mayo de 2010

Cronica de un Sábado en la facultad por Analía Moure

Harina y Resaltadores, un dia atípico en la Facultad de Sociales

Los sábados por la mañana, en la facultad de Ciencias Sociales, se suele respirar una atmósfera de silencio y calma, producto de la escasa cantidad de estudiantes que asisten a cursar desde la mañana hasta pasado el mediodía.

Desde 10 de Mayo hasta 15 de Mayo, la situación era diferente: mientras en algunos pisos los estudiantes hacen resúmenes, toman café o desayunan; en el cuarto piso, el panorama rompe la tranquilidad matinal; Se puede percibir la atmósfera de exámenes finales de varias materias.

Los estudiantes presentes en los pasillos, se caracterizan por sus heterogéneas actitudes: caminar incesantemente de un lado al otro, comer galletitas inercialmente mientras se leen de forma fugaz los textos, releer los apuntes, resaltar lo resaltado, recurrir a otros compañeros que permitan comprender breve y rápidamente un autor o concepto incomprendido, colillas de cigarrillo desperdigadas en el suelo: stress, nervios por doquier frente al inminente examen.

Pero hay excepciones, estudiantes que deciden descansar por un momento, o bien abandonar el repaso a la espera del llamado a rendir. Algunos alumnos se agolpan a preguntar a quienes ya rindieron, por el método de evaluación, temas solicitados, y averiguar el resultado del examen. Según el análisis del rostro del examinado, se determina si fue reprobado o tuvo la dicha de eximirse. Esta situación se vuelve recurrente en presencia de mesas de exámenes

Recorriendo los pasillos de la sede, se siente de una forma distinta el entorno, están las ausencias: del ir y venir de los estudiantes, el bar del primer piso vacío, de los grupos políticos repartiendo panfletos e invitaciones a las actividades y charlas, entre otras circunstancias.

Al llegar a planta baja, en la puerta de la facultad, se asoman amigos, familiares, novios y novias expectantes al resultado del examen que determinaría el comienzo profesional del flamante licenciado lleno de harina y huevos.

Los sábados en la facultad de Ciencias Sociales, en particular, cercanos al final de cuatrimestre, son únicos… atípicos.



Fotografía de la autora.

Crónica de la Facultad por Florencia Eiras

En la sede de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA de la calle Ramos Mejía, el sábado 15 de mayo, era día de exámenes finales.
Lo excepcional y diferente a otros sábados corrientes, era que había mucha más gente de lo habitual. Los pasillos de la mayoría de los pisos estaban colmados y los nervios y la ansiedad podían percibirse en las caras de los estudiantes que estaban por rendir.
Todos debían esperar su turno para ser llamados y mientras permanecían afuera de las aulas, la mayoría repasaba sus apuntes. Aunque unos fumaban sin parar; otros estaban en grupo charlando acerca de los temas y preguntas que podían llegar a tomarles; algunos tomaban café para despertarse; también estaban los solitarios que repasaban los últimos detalles en voz alta y por último, la minoría, que estaba relajada y aparentemente cansada con la mirada perdida.
Quizás a muchos estudiantes, sólo les quedaba esa única materia por rendir para poder recibirse. De hecho, en la planta baja del edificio, sobre la calle Ramos Mejía, había un grupo de personas festejando con una estudiante que se había recibido. A pesar de que el día estaba nublado y frío, sus amigos y familiares no dudaron en ritualizar los festejos de la forma tradicional. Le tiraron con todo lo que tenían a mano: huevos, harina, agua, mayonesa, etc. Pero por lo menos, para compensar con tanta “crueldad”, le regalaron un ramo de flores.
Siguiendo el recorrido dentro del establecimiento, lo curioso fue encontrar a dos estudiantes repasando en el medio de las escaleras, sentados, con los apuntes desparramados, entorpeciendo el paso en la conexión entre el segundo y tercer piso.
Todo esto llevó a que otros alumnos que bajaban, se molestaran con estos dos que sin atender a lo que estaban provocando, seguían concentrados en su lectura.
Uno de los estudiantes que estaba bastante perturbado por la situación, hizo un comentario irónico a uno de sus compañeros: “¡buen lugar para estudiar eh!”. A lo que el otro respondió: “ La verdad que éste no es un lugar para estudiar, está bien que es sábado y no hay tanta gente como los días de semana pero también es cierto que hay un montón de aulas vacías para poder explayarse así”.
Cuando se trata de rendir finales pareciera que no hay lugar ni maneras específicas para esperar el turno del llamado, lo importante es poder repasar las últimas líneas para tratar de calmar la tensión de los momentos previos.

Crónica un sábado en la facultad María Laura Perez

Sábado, día franco para los panfletos.
A partir del día lunes a las 7 de la mañana, comienza el tráfico dentro de la facultad de Ciencias Sociales, tráfico de panfletos que vienen y que van, invitaciones a encuentros, charlas, seminarios y opiniones de los más diversos tipos.
En algunas oportunidades los estudiantes agotan su capacidad de retención de tanta información y comienzan a no leer lo que reciben o, a descartarlo en el primer cesto de basura a la vista. ¿Cuál es la finalidad de esta catarata de información? ¿Qué quiere mostrar este tráfico que se torna más caótico que el de la avenida 9 de Julio a las 8 de la mañana? ¿Están preparados como futuros trabajadores de la comunicación a difundir ideas hacia las masas si entre pares no logran que un mensaje penetre en la mente de los demás?.
Resulta paradójico este hecho de la falta de comunicación dentro de este mar de papeles que comienzan a perder valor. Este bombardeo de información que cae en saco roto y no deja reflexionando a nadie. La mayoría de los estudiantes no lee estos boletines difundidos en los pasillos y el hartazgo llega a niveles inesperados en época de elecciones o paros.
Los días viernes por la noche se pueden observar los últimos movimientos de estos inesperados compañeros de pasillos que se vuelven invisibles los sábados. Claramente no es una solución explotar esos días en los que no se observan los panfletos para inundar los pasillos con ellos, sino muy por el contrario, utilizar los días sábado que son completamente calmos para insertar entre los estudiantes otra forma de comunicarse, alguna que no resulte invasiva ni abrumadora, para que el resto de la semana se calme este tráfico caótico de papeles y se puedan escuchar y atender a todas las voces que mucho tiene que decir.

viernes, 7 de mayo de 2010

Cronica, Anabella Fernandez

Fuente: Taringa.net

Voces sobre Cuba


“Luego de intercambiar miradas con “la periodista” Mariana Arias, los jóvenes empezaban a ponerse nerviosos ante la insistencia de varios de los concurrentes por hacerle preguntas a la doctora. Y así la joven se dirige hasta una de las personas del público, una compañera del MAS Cuba, y le pide amablemente que no levante la mano que no iban a estar permitidas las preguntas.
Ante la queja de varios de los concurrentes una “señora bien”, ubicada en el fondo de la sala se pone de pie gritándole a unos jóvenes “por qué no se van a vivir a Cuba” y que si no sabían de los presos políticos y demás cosas por el estilo. En ese momento se quebró la tranquilidad ante los exabruptos de algunos “señores” que preguntaban cuánto nos pagaba la Embajada de Cuba…”

Así introdujo su explicación en una nota uno de los miembros de la Casa de la Amistad Argentino Cubana de Buenos Aires al relatar lo ocurrido en la presentación del libro “Mi verdad” de la doctora Hilda Molina en la 36ª Feria del libro…

Viernes 23 de abril, 20:30 horas, concurrir a la cita en la sala Jorge Luis Borges de la feria del libro era el cometido para escuchar hablar a una protagonista del polémico régimen cubano, dicha protagonista no sería cualquier protagonista que haya vivenciado el régimen sino mas bien una persona muy honorada y condecorada por el mismo régimen, una persona con un vínculo muy cercano a Fidel en un momento de su vida aunque luego se daría vuelta mas adelante.

La presentación, que generó fuertes polémicas e intervenciones de manifestantes aquel día, ponía a la superficie una vez mas la dual lucha política que envolvió el transcurso de la historia en el último siglo desde la guerra fría y que si bien simula estar acabada bajo el imperioso sistema liberal dominante, hechos como los sucedidos en aquel encuentro nos manifiestan que aún persiste junto a Cuba aquella lucha por la imposición de ideas generando pasiones y odios en esta humanidad.

Hilda Molina, médica disidente cubana exponía aquella noche en el segundo día luego de la inauguración de la Feria del Libro su autobiografía "Mi verdad", el libro que cuenta además de su historia dentro de la isla, su relación con Fidel y cómo pasó de ser una científica en pos de la revolución a criticar un sistema que, según ella cree, es “perverso”.

La publicación de dicho libro trajo el cuestionamiento por la supervivencia del régimen castrista y con ello la polémica situación de la forma de vida de la población cubana salio a flote.

La historia de la doctora nos cuenta que luego de una larga lucha logró, con la colaboración de distintos países y presidentes entre ellos Néstor Kirchner, la autorización para salir y exiliarse de la isla tras haber recibido numerosas negativas a su solicitud por parte de Fidel Castro. Estando ya radicada en Argentina desde el año pasado la doctora pudo terminar y finalmente presentar, aunque con irrupciones, su autobiografía donde cuenta su historia en cuba y su conversión política.

Aquella charla del día viernes en la feria del libro, (que fue dirigida por la ex modelo y conductora Mariana Arias) pretendió no solo la presentación del libro, sino también la exposición de distintas experiencias de vida en Cuba. Pero transcurrida la media hora del encuentro, un grupo de manifestantes a favor del régimen se mostró inquieto por interrogarla a Hilda y tras la negativa por parte de los conferenciantes de generar el debate, la interrumpieron abruptamente con gritos en su contra y generando fuertes discusiones entre el publico presente con lo que lograron finalmente que Hilda se retirarse del lugar.

A raíz del hecho se desprendieron conocidas disputas y acusaciones de sectores políticamente opuestos, las voces que acusan de tener un discurso derechista a Hilda que se hicieron presententes con la irrupción de la charla y las otras tantas entre los medios que condenan a los militantes de ultra izquierda por no permitir la libre expresión.


Mas informacion: distintas voces...

http://casaargentinocubana.blogspot.com/

http://www.taringa.net/posts/info/1281456/Hilda-Molina-%C2%BFquien-es-y-quien-fue.html

http://www.perfil.com/contenidos/2010/04/23/noticia_0046.html

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1258084

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1257720

Informe - Feria del libro

Informe - 'Se mira pero no se compra'

Integrantes: Florencia Cruz Espada, Julia Grandoli, Analía Moure, Stella Maris Perez, María Laura Perez y María Inés Vasquez.

Crónica de Mariana Luna

El objetivo de la Feria del Libro es acercar al lector con el escritor. De que lectores hay no queda duda o al menos eso parece ya que entrar al prediode La Rural en donde se lleva a cabo su trigésimo sexta edición, se torna complicado. Gran cantidad de gente ingresando; personas de todas las edades concurren cada año a esta exposición: familias enteras, grupos de adolescentes, ancianos pero solo algunos van a encontrarse realmente con el autor.
En sus comienzos la feria solo recibía alrededor de ciento cincuenta mil visitantes, este año, un día de domingo como hoy, se siente como si la mitad de ese número circulara por los pasillos de la feria. La caminata a través de los distintos sectores en los que esta organizada se ve interrumpida por algún empujón o se obstaculiza debido a las filas en varios stands con distintas actividades.
La masificación del evento es notoria también con los llamativos carteles de sus auspiciantes esparcidos desde la entrada hasta el lugar menos esperado como el baño (el evento en si parece un evento de publicidad y tecnología). Principalmente en la antesala del auditorio, allí puede observarse la mayor de todas las publicidades perteneciente a una importante marca de gaseosa. Su dimensión ocupa gran parte de la atención del sector y se ve acompañado por detalles brillantes colgando alrededor muy cerca del techo. Pero al mismo tiempo, el inmenso cartel pasa desapercibido al mirar la gente colocarse una tras otra formando una fila. Algunos directamente sentados, otros conversando entre sí, esperando para entrar en la sala principal de conferencias. Esta fila sigue hasta afuera e incrementa su número a cada momento, parece que todos los concurrientes se hubiesen reunido allí.
El tiempo de espera fue por casi mas de media hora, la mayoría aguardo impacientes, ansiosos. Finalmente, se habilita el ingreso, las primeras hileras de butacas son las mas codiciadas. En un instante la sala se encuentra llena, parece un espectáculo de cine o teatro. De un momento a otro el historiador Felipe Pigna asoma en el escenario y la gente lo recibe, como si fuese un actor, para la presentación de su libro. La audiencia escucha silenciosa y atenta.Veinte minutos más tarde la mitad de la sala se encuentra vacía, evidentemente el acercamiento lector-autor duró muy poco.

Crónica de Florencia Cruz Espada



Día del trabajador en la ciudad de los libros


Es sábado 1 de Mayo, Día del trabajador, un feriado soleado y en el predio de La Rural se lleva a cabo la 36º edición de la Feria del Libro. La cual se presenta este año con más de 1500 actos entre talleres, actividades, presentaciones y conferencias.


Miles de niños, jóvenes y adultos se agrupan en las más de cuatro cuadras de fila para ingresar a la exposición. La impaciencia de algunos que se quejan, el calor y los gritos de los niños aumentan las ansias de poder estar entre los próximos a entrar. Así mismo, crecen las expectativas del espectáculo cultural. Qué libros se expondrán, cuáles serán los precios, cuál será la propuesta de cada editorial a la hora de montar su stand son algunas de las grandes interrogantes que circulan entre los visitantes.


La Feria funciona como una suerte de festival cultural, la convocatoria crece año tras año conjuntamente a las diversas actividades para realizar.

Entrando a La Feria se puede observar una imponente puesta en escena. Un abanico de posibilidades recreativas, amplios y coloridos pasillos llenos de gente, grandes pantallas que proyectan distintas temáticas entorno al tema central, el Bicentenario. "Festejar el libro con 200 años de historias" es el lema elegido para la 36ª Feria del Libro de Buenos Aires. En una de las entradas principales se puede apreciar un inmenso mural con los dibujos de grandes personajes de la historia, acompañados de una breve reseña histórica que explica la importancia que tuvieron en la época de la Revolución.

El diseño de los stands va superándose unos a otros a medida que se avanza por los pasillos. Esto se ve reflejado en los stands de editoriales como Cúspide o Planeta. Es notoria, que la convocatoria y permanente presencia de gente suele congregarse entorno a los stands que aportan un condimento distinto al resto, como el stand de la Revista Ñ, el cuál invitaba a participar de un sorteo por un notebook llenando un simple cupón.

Los espacios dedicados a los más chicos suelen ser uno de los más transitados de la Feria. Un stand además de exponer libros infantiles para leer y colorear, cede un espacio a un vendedor, bastante elocuente y llamativo por su vestimenta, a mostrar sus pintorescas marionetas. Un stand de pintura, muy pequeño pero no por ello menos concurrido, ofrece pintar distintas figuras coloridas en las caras de los niños, quienes se agolpan para tener sus colores preferidos pintados en sus mejillas y ojos.

La feria atrae cada vez más jóvenes y niños, quienes empujados por la curiosidad en ciertos títulos de moda, como la saga Crepúsculo presentada por ALFAGUARA ARGENTINA llegan hasta la Rural en busca de más novedades. La presencia de ciertos autores en la Feria del Libro se hace sentir por el número de seguidores que tiene. Tal es el caso del autor escritor cordobés Antonio Mateo Allende quien estuvo en una acotada y concurrida franja horaria para la firma de su libro. Hay quienes también buscan determinados títulos de su propio interés y los compran sin mirar demasiado el precio, el cual difiere al que debería encontrarse en una verdadera Feria.

La visita a la Feria del Libro va mas allá de comprar un libro o una revista. Ofrece la interacción del autor con su público, ya sea en una charla llevada a cabo en algún salón, o una conferencia o simplemente, en la espera de una infinita cola para la firma de su libro. Tanto el público como el autor de un libro, necesitan y disfrutan de este tipo de eventos. Se espera que año a año dismunuya la brecha que separa al autor de su público.

Crónica de María Inés Vasquez

Contrastes en la Feria del Libro

Ingresar a la Feria del Libro es toda una odisea. En el exterior, una larga cola de gente avanza lentamente, por un especio que difícilmente podamos identificar como agradable. Los cestos de basura, repletos a desbordar, justifican lo injustificable; decenas de papeles que cubren el suelo. La gente no se caracteriza por ser amable, sino todo lo contrario, si te descuidas dos segundos podes llegar a perder tu lugar en la fila. ¿Este es el espíritu que rodea la Feria del Libro?

Una vez cruzado ese espacio que divide este exterior tan poco auspicioso y el interior que, hasta el momento, es toda una incógnita, el panorama es sorprendentemente nuevo. Por empezar, no hay un solo papel ni nada que se le parezca en el suelo. Tampoco hay gran cantidad de cestos de basura ni personal de limpieza deambulando. Entonces, ¿cómo que es lo que sucede? Porque es la misma gente que hace la fila en el exterior, y descuida todo lo que la roda, la que luego se comporta tan civilizadamente en el interior de la exposición. ¿Será que los libros son tan poderosos como para lograr esto? Porque no hay otra cosa que lo explique.

¿Será que los buenos modales verdaderamente expresan el nivel de conciencia que tiene una persona hacia la dignidad de los demás? ¿O nada le importan los demás y es sólo una pantalla de lo que son? La segunda opción concuerda más. Los buenos modales son sólo una pantalla de lo que las personas realmente son, y el contexto condiciona notablemente. No es la Feria del Libro en particular lo que hace que las personas se ‘comporten civilizadamente’ dentro de ella, sino que mucho tiene que ver la presentación de la misma. Cuando las personas llegan al predio que rodea la exposición ya lo encuentran totalmente sucio, desprolijo y es en ese contexto en el que se adecuan. Al ingresar a la Feria del Libro, y experimentar un panorama totalmente distinto, las personas simplemente se adecuan a ese contexto. A nadie se le va a ocurrir arrojar un papel en el suelo ya que sería el primero. Eso es lo que cambia, ser el primero.

Desde ya que hay excepciones a la regla, y no nos vamos a centrar en ellas, porque ante cualquier teoría siempre hay ‘algo’ que la refuta. Sin embargo, siempre hay un prejuicio para con el otro distinto. Siempre es el otro, ‘esa persona que no está acostumbrada a estar en espacios para intelectuales’, la que provoca este desequilibrio entre el exterior y el interior. Un grupo de señoras muy ‘paquetas’ comentaban esto en un café de la feria. Hubiese sido realmente interesante que estas mujeres observaran a un ‘intelectual’ que se retiraba de la exposición. En una mano llevaba una bolsa con libros, con la otra se prendía un cigarrillo. Era el último cigarrillo, una vez cruzado el umbral, sin mirar a su alrededor, simplemente el paquete vacío se deslizó de sus manos hacia el piso. Ya no estaba en la Feria del Libro.

En estos momentos hay que dejar los prejuicios de lado, evidentemente el traje y la corbata no significan nada. Las apariencias engañan, y valla que lo hacen. Estas señoras estarían horrorizadas de ver como su ‘intelectual’ se comporta en espacios ‘no intelectuales’. Sería un agrado que las personas se comportaran igual en todos los espacios, sin importar la cantidad de libros de la que se encuentre rodeada.

jueves, 6 de mayo de 2010

Posteo 3 de Guadalupe Pérez Gaviña

Barrio porteño de Palermo, es martes, hay sol y son las 13.45 de la tarde. Entrada de la calle Sarmiento del predio de La Rural, la gente está esperando para ingresar a la Feria del Libro. Sobre la vereda hay dos carros de venta de choripanes y hamburguesas, un vendedor de garrapiñadas y otro de gaseosas. Promotoras que van y vienen, caminan apuradas, todas con tacos altos y camisas con el logo del stand al que pertenecen. Hombres de traje oscuro, chicos con guardapolvo, maestras, maestros y adolescentes con el uniforme del colegio. Muchas son las personas que están haciendo la cola para entrar a la exposición, son el atractivo de los automovilistas y los pasajeros de los colectivos que esperan que el semáforo se ponga en verde.
Vuelan las palomas por todos lados, un hombre de unos sesenta años, vestido con un jean clarito con manchas marrones a la altura de las rodillas, zapatillas de lona gastadas, remera verde y una gorra con visera, se acerca uno por uno ofreciendo poseías de su autoría. Son unas fotocopias en hoja oficio, que tienen mucho texto, todo junto, escrito a máquina, una foto de él tres cuarto perfil como de DNI, dibujos hechos a mano y palabras sueltas que dicen: paz, poesía, literatura, sos amor y necesito ayuda económica urgente. El valor es de cinco pesos, el hombre asegura que es lo más barato que se puede comprar en la feria. Sigue la espera.
A la izquierda de la puerta central del predio se encuentra un patrullero de la Policía Federal, tres oficiales afuera del mismo, miran con rostros de cansancio y aburrimiento. Todavía no puede ingresar el público. Sin embargo, los dos hombres de seguridad le abren las puertas a seis representantes de la Marina Argentina, entre ellos, hombres y mujeres con uniformes color beige. Seguido a esto, ingresa una abuela de Plaza de Mayo, imposible no reconocerla con el característico pañuelo atado en su cabeza. Siguen revoloteando las palomas.
Una viejita con escarapelas en un bolsito pasa pidiendo colaboración para “los chiquitos enfermos del corazón” algunos le dan dos pesos, otros, monedas pero la mayoría no le da nada. Son las dos en punto, llegó el momento, ya se puede entar.

Crónica de Florencia Eiras

Este domingo 2 de junio, la 36º feria del libro atrajo a miles de personas.
Hacia las 16 hs, la fila para poder acceder al predio de la Rural, era interminable.
La gente no podía creer la extensión de la cola y muchos se preguntaban si la estaban haciendo correctamente. Todo era confuso, los dos ingresos de la feria, uno por Cerviño y el otro por Sarmiento, estaban colapsados.
Mientras la fila avanzaba, que de hecho lo hacía bastante rápido, la multitud que esperaba, era invadida por diferentes folletos, vendedores de comida, gaseosas, etc.
Algunos de los volantes que se repartían tenían títulos como: “Salvemos a Crítica”,“Afiliarse a Proyecto Sur, es contribuir con estas 5 grandes causas:”, otros eran folletos relacionados con promociones y ventas de libros.
La vereda y las calles estaban sucias, repletas de papeles y restos de lo que la gente consumía.
Al llegar a la entrada, luego de haber recorrido cientos de metros, la larga fila se dividía en dos. La mayoría pasaba por el lado derecho, mientras que unos pocos lo hacían por el izquierdo. Éstos últimos eran aquellos que se habían ganado la entrada a través de un sorteo o concurso de algún medio gráfico.
Los que debían pagar la entrada, que lo hacían por donde iban casi todos, se acercaban a las boleterías que eran custodiadas por la gente de seguridad. Ésta indicaba en forma efusiva aquellas cajas que estaban vacías para acelerar la entrada a la feria y no se entorpezca el paso. Algunos de los hombres a cargo de la vigilancia gritaban, hacían ademanes y no se dirigían público de forma tan cordial.
Una multiplicidad de personas traspasaban hacia el interior de la feria. Desde ancianos hasta niños. Cada uno con sus propias expectativas, sus preocupaciones por encontrarse con los que habían coordinado para ir, sus ansiedades por saber si encontrarían lo que habían ido a buscar.
Entre los que estaban ingresando, de repente se vieron dos situaciones, casi encadenadas, que atrajeron la atención de la mayoría de las personas que rondaban el lugar: primero, un hombre que quiso acceder sin entrada y tuvo que ser demorado y retirado hacia un costado y luego una anciana que cayó al piso y enseguida dos personas la ayudaron a levantarse.
Al entrar a la Feria cada uno podía elegir hacia qué sector dirigirse, desde los Pabellones (Azul, Verde, Amarillo, Rojo y Blanco) hasta el Hall Central, más tres carpas exteriores. También se podía ingresar a las salas de actos; en una de ellas Felipe Pigna estaba dando una exposición y la fila que había para acceder también era eterna. El cansancio de los que esperaban afuera se empezaba a sentir. Muchos estaban sentados en el piso, casi tirados, otros iban y venían a algún kiosco para comprarse algo para beber o comer, otros hablaban con sus compañeros más cercanos para que el tiempo se pasara más rápido.
En un stand se podía escuchar una explicación acerca de un experimento con distintas sustancias químicas y la gente que estaba sentada allí en las computadoras que había en el lugar, lo que menos hacía era prestar atención a la exposición: algunos revisaban sus correos personales, otros entraban a su facebook, otros navegaban por distintos sitios.
La oferta de libros y otras actividades culturales es enorme, pero la gente mira y observa más de lo que compra o participa.










Crónica de Agustina Caferri

Mujer compró entrada de la Feria del Libro a dos adolescentes

El pasado domingo por la tarde en la Feria del Libro, organizada en La Rural, dos jóvenes de 15 años fueron detenidos por miembros de la seguridad del evento. Según fuentes oficiales, el hecho ocurrió porque: “los jóvenes merodeaban por la zona de la boletería con una actitud sospechosa”. A pesar de ello, una mujer les compró las entradas a los adolescentes. "Voy a elevar una queja a las autoridades", dijo la mujer. 
Eran las 3.50, estaba nublado y no era un día como cualquier otro. Muchas eran las personas, de todas las edades, que esperaban alineados en una laaaaaarga fila que rodeaba la manzana del predio ubicado en el barrio de Palermo. El objetivo común era entrar a la 36º edición de la Feria del Libro, bajo el lema elegido de: "Festejar el libro con 200 años de historias".
Eran las 4 cuando Marcos y Yanina venían de vender lapiceras y cuadernos en Plaza Italia. Avanzaron entre la multitud hacia el predio por la entrada de Sarmiento y se detuvieron allí. Yanina, retacona de pelo azabache y un lánguido Marcos, de pelo lacio-también-azabache y un poco de moco que salía de su diminuta nariz. Ella vestía unas calzas azules debajo de una pollera de jean celeste claro gastado, una camiseta verde que tenía el dibujo de una jirafa y en letras amarillas decía: “I love you sweetie”, zapatillas y medias blancas manchadas con polvo; él llevaba puesto pantalones grises de algodón con dos agujeros en la zona de sus rodillas, un buzo azul con una mancha de pintura blanca en la zona de su panza y zapatillas de cuero negro, muy gastadas.
A los minutos, dos miembros del personal de seguridad, vestidos con camisa blanca y pantalón azul oscuro, que venían de la zona de la boletería, se acercaron a los quinceañeros. “A ver… vamos volviendo en dirección a la salida chicos”, murmuró a los jóvenes, “el pelado” Marcelo, un morocho, alto, de 30 años. Y su compañero Cristian, de 44 años, agregó: “chicos la salida es para allá”, y señaló con su dedo índice en dirección a la plaza.
Mientras, las personas seguían haciendo la cola para entrar y comprar la entrada de 15 pesos. Fue entonces que una señora dijo: “Si hicieran esto todo el tiempo, nos sacaríamos de encima este tipo de gente”. Pero Alicia, de unos 50 años, dentista, que esperaba en la cola y que estaba tras ella, se acercó a los guardias y a los jóvenes. “Disculpen chicos, ¿Quieren entrar a la feria conmigo?”, preguntó Alicia. Y luego miró a los guardias y dijo: “No pasa nada. Yo les pago la entrada”.
Silencio por 5 segundos.
“Si, si. Muchas gracias”, dijo Yanina y agarró la mano de Marcos. “Gracias”, agregó Marcos. Y los dos dieron tres pasos adelante, que los alejó de los guardias y los acercó más a Alicia que levemente les sonreía. Los guardias se quedaron observando y uno le murmuró algo al oído al otro-que aparentemente-nadie escuchó. A los segundos, se dieron media vuelta y tomaron rumbo a sus puestos de trabajo al lado de la boletería. La cola avanzó, avanzó y avanzó.

Y Alicia, Yanina y Marcos entraron a la Feria del Libro.





Crónica de Julia Elena Grandoli

Durante estos treinta y seis años que se viene realizando La Feria del Libro, ésta ha ido creciendo y ampliando las propuestas culturales y educativas ofrecidas a su gran cantidad de adeptos, no solo de nuestro país, sino que también se ha convertido en un centro de atracción para los extranjeros. Esto explica el porqué de tantas personalidades internacionales que se presentan a dar charlas y conferencias.

El 1° de Mayo, la Feria del Libro ha convocado a gran cantidad de gente que, aprovechando el feriado, salió a pasear. En un amplio horario, de 14:00 horas hasta la 1:00 de la mañana, varias cuadras de personas, haciendo fila, aguardaban ansiosos entrar a la Rural de Palermo para disfrutar de una exposición que atrapa año tras año a miles de visitantes. Como suele suceder, ante estos eventos de gran concurrencia, no faltó quien intentó adelantar su puesto en la hilera aprovechando el amontonamiento o alguna distracción de quien, honestamente, formó fila y esperó su turno para entrar.

Una vez dentro del lugar, la Feria del Libro, que incluye diversidad de entretenimientos, permite que personas de todas las edades puedan disfrutar de un gran acontecimiento.

La atracción de la Feria va más allá de un simple encuentro con la lectura. Ofrece desde llamativos y grandes stands de distintas editoriales y grupos, hasta transmisiones de radio en vivo, charlas, conferencias. Dentro de la misma se encuentra El Festival de la Poesía en su 5° edición, La Noche de la Ciudad, Maratón de lectura, visitas de autores internacionales y este año el espacio destinado a actividades relacionadas con el Bicentenario, para recorrer 200 años de nuestra historia.

Pero una de las cosas que más atrae la atención, es el espacio destinado al sector infantil y juvenil. A pesar de que en el mes de julio se realizará La Feria del Libro Infantil y Juvenil, las editoriales y autores apuntan a este sector, ya que esta temática es una de la más visitadas dentro de las instalaciones. Estos dos sectores ocupan un espacio importantísimo dentro del predio.

El pabellón azul, destinado a los niños, no sólo ofrece una biblioteca rica en libros de cuentos, sino que está diseñada para que los pequeños disfruten de la lectura en coloridos pufs y alfombras. Pero esto no es todo, funcionan en este pabellón talleres creativos, rincón de cuentos, sector de juguetes didácticos, obras de títeres y taller de arte, además de un stand de maquillaje artístico.

El pabellón amarillo, destinado a los adolescentes, cuenta con talleres artísticos, vocacionales y científicos pero lo que más atrae a este público es el espacio de las historietas que tendrá su edición especial entre el 8 y 9 de mayo.

Por lo que, sin duda, la Feria del Libro, es un evento que permite que toda la familia pueda disfrutar y acercarse a distintas propuestas culturales y educativas en un solo lugar, y así pasar un día placentero descubriendo que este tipo de actividades son un entretenimiento que ayuda a desarrollar el aprendizaje.

Crónica de María Laura Perez

Un índice que no mide el INDEC

A través de los años todas las expresiones culturales han ido sufriendo modificaciones, desde los recitales al aire libre en lugares públicos, hasta llegar a las manifestaciones de arte gráfico en las paredes de la ciudad. Como fenómeno cultural de gran envergadura, la feria del libro no escapa a estos cambios.

Los inicios de este encuentro hallan sus raíces en las ferias callejeras, realizadas en parques o hasta en el mismísimo Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires, luego, en el año 1975, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) impulsó un cambio para pasar de las calles a algún espacio público donde todos pudieran participar de manera más organizada de esta celebración anual. Fue así como en ese mismo año se celebró la Primera Feria Internacional del Libro, cuyo lema fue “A la primera imprenta”. Desde sus inicios se orientó al encuentro en un mismo ámbito entre lectores y escritores, pero con el correr de los años, estos objetivos fueron cambiando, hasta llegar a nuestros días donde parece que lo más relevante ya no es siquiera la venta de ejemplares, el lado comercial del encuentro, sino el enfrentamiento entre las distintas corrientes políticas representadas por sus intelectuales y productores de información. Se observa una puja por el poder, el económico por parte de los multimedios que ocupan un porcentaje más que importante del predio, y por otro lado el político, a través de la imposición de ideas.

Fueron más que difundidos los incidentes ocurridos en la presentación interrumpida del libro “Mi verdad” de Hilda Molina, donde un grupo de militantes del Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba y estudiantes universitarios obligaron a que se terminara la conferencia. Otro hecho similar sucedió cuando Gustavo Noriega quiso presentar su libro “Indek: historia íntima de una estafa”, donde la culminación fue cuando comenzaron a volar sillas por los aires hasta que intervino la policía. Así se generó una expectativa muy grande por los hechos que podían llegar a ocurrir en los días siguientes.

En diarios, radios y demás medios de comunicación se palpitaba cual clásico de fútbol el “índice de sillazos” para el sábado 1° de mayo. Triste índice, devalúa nuestra cultura, la daña y la deja herida de muerte. El día del trabajador traía aparejada una gran expectativa por las ventas, por los recitales al aire libre y además por las presentaciones más que interesantes para que se produjera un pico en nuestro índice. Libros como “Sin Reservas” de Martín Redrado, “Enfermos de poder” de Nélson Castro, “El dueño” de Luis Majul o “La lucha de los obreros de Terrabusi” de Germán Vidal amenazaban a la celebración del día del trabajador en el ámbito de la cultura, sin embargo el diálogo venció, ganó la tolerancia y el respeto. Finalmente se pudieron escuchar las más diversas voces sin ataques, sin discriminación y todos pudieron disfrutar de espectáculos de integración cultural como la celebración del Día de Jujuy o el homenaje a Tomás Eloy Martinez o el Día de Armenia.

Crònica de Stella Maris Pèrez


UN LINDO PERSONAJE
Quedó inaugurada la 36ª Feria del Libro en Buenos Aires bajo el lema “Festejar con libros 200 años de historias”.
La exposición cuenta con más de 2600 stands distribuidos entre los Pabellones Azul, Verde, Amarillo, Rojo, Blanco y el N.º 9 (Hall Central) de La Rural, y tres carpas exteriores.
Entre los stands más visitados, destacamos el de V&R Editoras, dedicada desde 1996 al libro regalo.
Vergara & Riba Editoras tiene como propuesta, ofrecer a la gente una manera de expresar sentimientos y pensamientos que resultan difíciles de decir en voz alta, cara a cara; así es como pensaron sus libros en respuesta a la necesidad de mucha gente.
“Este año la concurrencia fue excepcional”, nos dice María Inés Redoni, CEO de la Editorial; esto sumado al registro de que aumentaron las ventas considerablemente debido al feriado del fin de semana y comparándolo con la edición anterior, arroja un saldo positivo.
Recorriendo la propuesta de estas Editoras, vemos que para esta ocasión, nos encontramos con libros de cocina, mandalas, chistes, agendas juveniles y hasta el “Libro Gordo de Petete” de Manuel García Ferré; pero lo que más se vendió fue la agenda “Media Luna”, el Best Seller de las agendas en V&R Editoras.
El creador de estas agendas se llama Antonio Mateo Allende y estuvo como invitado especial de V&R, autor de “Seguirás siendo mi amor”, “El Libro de la Media Luna” y “El Libro de tus Quince Años”, entre otros títulos. Se dedicó a firmar autógrafos, para delicia de sus seguidoras que en la mayoría son jovencitas soñadoras, que disfrutan de sus dibujos y poemas, tanto como de sus consejos y sugerencias, las cuales están plasmadas en todas sus obras.
Este simpático cordobés, quien se jacta de haber nacido en el viejo y glorioso Barrio de San Vicente, cuna de leyendas, personajes y testigo de las historias que ayudaron a forjar la inconfundible personalidad de su querida provincia, deslumbró con su facilidad para interactuar con la multitud que se agolpó en el stand número 622 del Pablellón Azul, esperando su turno para cruzar unas palabras y llevar un libro con la dedicatoria de su ídolo.Fue así que aplicando los conocimientos adquiridos en su etapa de artesano, comenzó a pintar vidrieras y letreros comerciales; los que firmaba con el seudónimo de “Junot”, de ahí en más creo el mini- poster de tela, con tiernos mensajes que se vendía muy bien en las regalerías. Luego se animó a fabricar, con dibujos propios de un adolescente y las letras informales que caracterizaban sus letreros, una pequeña serie de tarjetas artesanales, tan novedosas como desfachatadas, fue así que nace la pequeña empresa familiar: Tarjetas Junot.
Con absoluta sencillez explica, que en sus libros “anida el enorme poder de recordar a la gente, las cosas que les son importantes. La receta resultó muy sencilla, ya que sólo debí mezclar dos ingredientes: emociones fuertes y palabras simples. Siento la serena satisfacción de haber cumplido con la pequeña misión que le dio sentido a mi existir y esconder entre sus páginas la última de mis fantasías; la de vencer a la más implacable de las muertes: el olvido”.
Fuente: AntonioMateoAllende.com

miércoles, 5 de mayo de 2010

Crónica de Analía Moure

Un evento que atrae a miles de personas por año es, sin lugar a dudas, La Feria del Libro. Un ejemplo de su convocatoria, fue la cantidad de público que asistío el 1 de Mayo. Un día feriado que congregó familias, amigos, parejas de todas las edades, que se mezclaron entre los coloridos y laberínticos pasillos del predio de la Rural.

La feria tuvo su punto álgido en lo que se llamo "La noche de la Ciudad en la Feria del Libro", promovida por diversos medios de comunicación -diarios, televisión, radio-. Desde las 21 horas hasta la 1 de la mañana del Domingo, se podía ingresar gratuitamente al predio. Pudiéndose disfrutar de eventos literarios, espectáculos musicales y de teatro, como también aprovechar ofertas y descuentos especiales que realizaron algunas editoriales.

La oferta de libros y revistas era importante en los diversos stands, la mayor parte de los asistentes se detenían a observar precios y variedad; pero nadie compraba. Con el elevado valor de la entrada -para quienes ingresaron durante la mañana o la tarde-, no se incluía ningún descuento para utilizar en algún servicio o producto. Sólo el ofrecimiento de material gratuito, panfletos y muestras gratis, llenaban las bolsas de los visitantes.

Los stands de marcas y editoriales de renombre figuraban en estructuras de gran tamaño, multimedias: llenos de plasmas, cupones para algún concurso y un lugar para sacarse foto insertando la cara en un hoyo. En su mayoría, ni siquiera promueven la venta de algún producto editorial, sino algún producto comestible -ej. Mamá Lucchetti-, o servicio -ej. Pintura artística-.

No solo hay empresas conocidas; Las pequeñas firmas y grupos, incluyendo a las de material específico -ej. Arquitectura y diseño gráfico- o temáticas -religiosas-, tenían su lugar, ofreciendo la firma de libros de diversos autores, los 2x1, o descuentos en la compra.

El pabellón del bicentenario competía en tamaño, interacción y avances tecnológicos, con los 2 diarios de tirada nacional: La Nación y Clarín, quienes también tenían un pabellón de tamaño similar. Ambos publicitando eventos de características similares -conferencias, charlas, debates, radios-, pero con personalidades absolutamente distintas: Magdalena Ruiz Guiñazú, Ricardo Piglia, Rep, Ejercito Argentino, Norberto Galasso, entre otros.

Se podía percibir en la zona infantil un moviemiento constante: chicos corriendo, gritando, tocando todo, pero lo que llama la atención, leyendo libros con una concentración notoria. Mientras, los padres, disfrutaban tranquilos un momento, de un café o una comida en el restaurant aledaño. O bien, hacían compañía a los chicos en la lectura.

Los sectores de lectura, junto con las visitas de personajes populares, son los lugares de mayor circulación de los visitantes: el poder fotografiarse junto a ellos,pedirles un autógrafo, compartir un breve diálogo o disfrutar de algún material de lectura de forma gratuita, son posibilidades que se generan frente a los elevados precios, que golpean al bolsillo del consumidor.

Hablando en líneas generales, en la feria, se intenta atraer una diversidad de público a través de los años. Adaptándose a sus gustos y necesidades, el evento se amplía más, para poder ofrecer no solo libros, sino espectáculos, servicios y tecnología: uso de computadoras, y sistemas para bajar música, que la convierten en una exposición multimedia.