En la sede de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA de la calle Ramos Mejía, el sábado 15 de mayo, era día de exámenes finales.
Lo excepcional y diferente a otros sábados corrientes, era que había mucha más gente de lo habitual. Los pasillos de la mayoría de los pisos estaban colmados y los nervios y la ansiedad podían percibirse en las caras de los estudiantes que estaban por rendir.
Todos debían esperar su turno para ser llamados y mientras permanecían afuera de las aulas, la mayoría repasaba sus apuntes. Aunque unos fumaban sin parar; otros estaban en grupo charlando acerca de los temas y preguntas que podían llegar a tomarles; algunos tomaban café para despertarse; también estaban los solitarios que repasaban los últimos detalles en voz alta y por último, la minoría, que estaba relajada y aparentemente cansada con la mirada perdida.
Quizás a muchos estudiantes, sólo les quedaba esa única materia por rendir para poder recibirse. De hecho, en la planta baja del edificio, sobre la calle Ramos Mejía, había un grupo de personas festejando con una estudiante que se había recibido. A pesar de que el día estaba nublado y frío, sus amigos y familiares no dudaron en ritualizar los festejos de la forma tradicional. Le tiraron con todo lo que tenían a mano: huevos, harina, agua, mayonesa, etc. Pero por lo menos, para compensar con tanta “crueldad”, le regalaron un ramo de flores.
Siguiendo el recorrido dentro del establecimiento, lo curioso fue encontrar a dos estudiantes repasando en el medio de las escaleras, sentados, con los apuntes desparramados, entorpeciendo el paso en la conexión entre el segundo y tercer piso.
Todo esto llevó a que otros alumnos que bajaban, se molestaran con estos dos que sin atender a lo que estaban provocando, seguían concentrados en su lectura.
Uno de los estudiantes que estaba bastante perturbado por la situación, hizo un comentario irónico a uno de sus compañeros: “¡buen lugar para estudiar eh!”. A lo que el otro respondió: “ La verdad que éste no es un lugar para estudiar, está bien que es sábado y no hay tanta gente como los días de semana pero también es cierto que hay un montón de aulas vacías para poder explayarse así”.
Cuando se trata de rendir finales pareciera que no hay lugar ni maneras específicas para esperar el turno del llamado, lo importante es poder repasar las últimas líneas para tratar de calmar la tensión de los momentos previos.
martes, 25 de mayo de 2010
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