Un índice que no mide el INDEC
A través de los años todas las expresiones culturales han ido sufriendo modificaciones, desde los recitales al aire libre en lugares públicos, hasta llegar a las manifestaciones de arte gráfico en las paredes de la ciudad. Como fenómeno cultural de gran envergadura, la feria del libro no escapa a estos cambios.
Los inicios de este encuentro hallan sus raíces en las ferias callejeras, realizadas en parques o hasta en el mismísimo Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires, luego, en el año 1975, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) impulsó un cambio para pasar de las calles a algún espacio público donde todos pudieran participar de manera más organizada de esta celebración anual. Fue así como en ese mismo año se celebró la Primera Feria Internacional del Libro, cuyo lema fue “A la primera imprenta”. Desde sus inicios se orientó al encuentro en un mismo ámbito entre lectores y escritores, pero con el correr de los años, estos objetivos fueron cambiando, hasta llegar a nuestros días donde parece que lo más relevante ya no es siquiera la venta de ejemplares, el lado comercial del encuentro, sino el enfrentamiento entre las distintas corrientes políticas representadas por sus intelectuales y productores de información. Se observa una puja por el poder, el económico por parte de los multimedios que ocupan un porcentaje más que importante del predio, y por otro lado el político, a través de la imposición de ideas.
Fueron más que difundidos los incidentes ocurridos en la presentación interrumpida del libro “Mi verdad” de Hilda Molina, donde un grupo de militantes del Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba y estudiantes universitarios obligaron a que se terminara la conferencia. Otro hecho similar sucedió cuando Gustavo Noriega quiso presentar su libro “Indek: historia íntima de una estafa”, donde la culminación fue cuando comenzaron a volar sillas por los aires hasta que intervino la policía. Así se generó una expectativa muy grande por los hechos que podían llegar a ocurrir en los días siguientes.
En diarios, radios y demás medios de comunicación se palpitaba cual clásico de fútbol el “índice de sillazos” para el sábado 1° de mayo. Triste índice, devalúa nuestra cultura, la daña y la deja herida de muerte. El día del trabajador traía aparejada una gran expectativa por las ventas, por los recitales al aire libre y además por las presentaciones más que interesantes para que se produjera un pico en nuestro índice. Libros como “Sin Reservas” de Martín Redrado, “Enfermos de poder” de Nélson Castro, “El dueño” de Luis Majul o “La lucha de los obreros de Terrabusi” de Germán Vidal amenazaban a la celebración del día del trabajador en el ámbito de la cultura, sin embargo el diálogo venció, ganó la tolerancia y el respeto. Finalmente se pudieron escuchar las más diversas voces sin ataques, sin discriminación y todos pudieron disfrutar de espectáculos de integración cultural como la celebración del Día de Jujuy o el homenaje a Tomás Eloy Martinez o el Día de Armenia.
jueves, 6 de mayo de 2010
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