jueves, 6 de mayo de 2010

Crónica de Agustina Caferri

Mujer compró entrada de la Feria del Libro a dos adolescentes

El pasado domingo por la tarde en la Feria del Libro, organizada en La Rural, dos jóvenes de 15 años fueron detenidos por miembros de la seguridad del evento. Según fuentes oficiales, el hecho ocurrió porque: “los jóvenes merodeaban por la zona de la boletería con una actitud sospechosa”. A pesar de ello, una mujer les compró las entradas a los adolescentes. "Voy a elevar una queja a las autoridades", dijo la mujer. 
Eran las 3.50, estaba nublado y no era un día como cualquier otro. Muchas eran las personas, de todas las edades, que esperaban alineados en una laaaaaarga fila que rodeaba la manzana del predio ubicado en el barrio de Palermo. El objetivo común era entrar a la 36º edición de la Feria del Libro, bajo el lema elegido de: "Festejar el libro con 200 años de historias".
Eran las 4 cuando Marcos y Yanina venían de vender lapiceras y cuadernos en Plaza Italia. Avanzaron entre la multitud hacia el predio por la entrada de Sarmiento y se detuvieron allí. Yanina, retacona de pelo azabache y un lánguido Marcos, de pelo lacio-también-azabache y un poco de moco que salía de su diminuta nariz. Ella vestía unas calzas azules debajo de una pollera de jean celeste claro gastado, una camiseta verde que tenía el dibujo de una jirafa y en letras amarillas decía: “I love you sweetie”, zapatillas y medias blancas manchadas con polvo; él llevaba puesto pantalones grises de algodón con dos agujeros en la zona de sus rodillas, un buzo azul con una mancha de pintura blanca en la zona de su panza y zapatillas de cuero negro, muy gastadas.
A los minutos, dos miembros del personal de seguridad, vestidos con camisa blanca y pantalón azul oscuro, que venían de la zona de la boletería, se acercaron a los quinceañeros. “A ver… vamos volviendo en dirección a la salida chicos”, murmuró a los jóvenes, “el pelado” Marcelo, un morocho, alto, de 30 años. Y su compañero Cristian, de 44 años, agregó: “chicos la salida es para allá”, y señaló con su dedo índice en dirección a la plaza.
Mientras, las personas seguían haciendo la cola para entrar y comprar la entrada de 15 pesos. Fue entonces que una señora dijo: “Si hicieran esto todo el tiempo, nos sacaríamos de encima este tipo de gente”. Pero Alicia, de unos 50 años, dentista, que esperaba en la cola y que estaba tras ella, se acercó a los guardias y a los jóvenes. “Disculpen chicos, ¿Quieren entrar a la feria conmigo?”, preguntó Alicia. Y luego miró a los guardias y dijo: “No pasa nada. Yo les pago la entrada”.
Silencio por 5 segundos.
“Si, si. Muchas gracias”, dijo Yanina y agarró la mano de Marcos. “Gracias”, agregó Marcos. Y los dos dieron tres pasos adelante, que los alejó de los guardias y los acercó más a Alicia que levemente les sonreía. Los guardias se quedaron observando y uno le murmuró algo al oído al otro-que aparentemente-nadie escuchó. A los segundos, se dieron media vuelta y tomaron rumbo a sus puestos de trabajo al lado de la boletería. La cola avanzó, avanzó y avanzó.

Y Alicia, Yanina y Marcos entraron a la Feria del Libro.





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