Primer domingo de Mayo de 2010. Promediando las 17.30 Hs. 36 ° feria del libro en Buenos Aires, casi colapsada. La muchedumbre iba en fila desde la esquina del predio de exposiciones en Av. Sarmiento y Av. Santa Fe hasta la entrada principal de la feria, sobre Av. Sarmiento, yendo para el lado de Libertador. Una vez pasada la reja del gran portón de entrada la inevitable imponencia de los carteles luminosos con motivo del Bicentenario daban la bienvenida a la feria: 200 años de Revolución, Argentina 2010, eran algunos de los Slogans. Pasando al hall de entrada del pabellón rojo que destacaba un cartel de Coca –Cola gigante colgando del centro del techo, se puede ver gente acumulada como esperando en uno de los bordes correspondiente a la entrada de la sala de conferencias – parece que Pigna daba una charla a las 19.00 Hs-. Finalmente, en dirección derecha a la puerta de conferencias nacía un pasillo de tamaño no muy cómodo, que conectaba al pabellón amarrillo, donde se dejaba ver que la gran circulación de personas generaba algo así como una especie de tráfico humano entre los pasillos formados por las ubicaciones de los stands. Una vez allí empezó la acción.
Cámara filmadora en mano, otra con una cámara fotográfica, y las dos restantes miraban detenidamente los stands y daban indicaciones de posibles puntos a captar. Luego de varias recorridas y ojeadas a los puntos relevantes de la feria, se hicieron algunas entrevistas para ajustar lo que se quería mostrar en el trabajo de estudio, y consecuentemente se concluyó dar por hecho la captación de imágenes de la feria. Siendo poco más de las 19.00 Hs, dos de las integrantes decidieron partir para sus hogares, mientras que las otras dos restantes optaron por hacer algunas recorridas más. Acá empezó la real recorrida.
Relajadas, sin la imaginaria investidura de estudiantes, sin ese ojo de búsqueda de cosas necesariamente relevantes, sin esa no desviación del eje de trabajo, así, chusma y frescamente se lanzaron a los stands a hurgar todo lo que se pueda. A principio era todo normal, literatura latinoamericana, best Sellers, reediciones, etc. Nada llamativo hasta el momento.“Quiero algo que no pueda conseguir en todas las librerías, que valga la pena comprarlo acá”. Una comentó a la otra, y siguió: “Vamos a buscar Los Diarios de Warhol, hace tiempo los busco y no los puedo conseguir”. Empezó la búsqueda: Stands de editorial Atlántida, libros de arte, grandes pintores, movimientos artísticos: Romanticismo, Impresionismo, Cubismo, Surrealismo… Pero nada de Warhol. Editorial El Ateneo, lo mismo, movimientos artísticos, grandes pintores: Miguel Ángel, Miró, Dalí, nada de Warhol. Editorial Planeta, acá se puede decir que la variedad es más amplia, se localizan libros de movimientos artísticos y vanguardias, algo de arte pop, movimientos culturales de los ’60, comunicación Pop, pero… De Los diarios… nada…
La interesada en este caso decidió consultar a uno de los chicos de camisa y pantalones de vestir con distintivos abrochados con su nombre y el logo de la editorial: “Una pregunta. ¿Tenés idea acerca de Los diarios de Warhol? Mmmm…- Contestó- Sino esta en el sector de arte no hay nada. Otra vez a revolver el sector de arte pero no hubo caso, Los Diario jamás asomaron solapa. Ya encabronada y con justa causa, la interesada, optó por ir al sector ubicado en la parte de abajo al de Arte, donde se podía ver una gran mezcolanza de temáticas libreras que no coincidían con el rotulo del sector, y donde la gente ya molestaba entre sí husmeando y toqueteando los libros.
Buscando, buscando, - ya descartando la ilusión de Los Diarios y tomando una actitud más conformista de la búsqueda- se llegó a un interesante, lindo y durito libro de cultura urbana. Con fotos extraordinarias, en color y blanco y negro, de diversos fotógrafos latinos y estadounidenses, con una muy buena calidad de papel y referencias a la cultura Punk, Graffiti, Hip-Hop, y otros fenómenos de últimas décadas del S. XX. Un libro que parecía muy atractivo respecto a lo que ella venía leyendo e interesado en los últimos tiempos. Paso siguiente, era preguntar el precio, pero, la compañera de grupo le indicó que la mayoría de la gente se estaba manejando con un sistema detector de código de barras que por medio de una mini pantallita analógica informaba el precio de cada libro. Al pasar el libro por el aparato la pantallita mostró el precio, el par de ojos y cejas de la estudiante mostraron conjuntamente el gestode asombro emitido: El precio era ni más ni menos que 320 pesos.Inmediatamente dejaron todo lo que estaban ojeando y decidieron irse.
En la feria del libro no se encontró lo no encontrado en las librerías, y lo que era más llamativo y cautivador tenía muy altos costos monetarios.
miércoles, 26 de mayo de 2010
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