miércoles, 26 de mayo de 2010

CRÓNICA DE LA FACULTAD/ Valeria Carasa

Convulsión en la facultad

Día Sábado, 11.30 Hs. Caminata por la facultad de Sociales, precisamente sede en Parque Centenario. La direccionalidad era en descenso desde el 4to piso, pasando por los pasillos del tercero, desembocando en la escalera para luego seguir por los pasillos del segundo. Ambiente raro, poco habitual, algo desorganizado y muy concurrido.

Tráfico, sí tráfico, esa era la palabra elegida para describir ese congestionamiento entre unos y otros. Se chocaban, se rozaban, algunos se acumulaban en las puertas de las aulas, no en cualquieras, sino en las claves, en aquellas que otorgan más espacio y lugar, esas donde se dan teóricos tan concurridos. Finalmente el grupo proveniente del cuarto piso se detuvo allí en la esquina de los cafés, frente a la 201. Esperaron su turno, habían algunos más adelante que pedían lagrimas, cortados, cortados y más cortados. Llegó su turno, adquirieron sus clásicos cafés del Sábado y algún que otro paquete de galletitas e inmediatamente no tardaron en huir de nuevo hacia las escaleras con rumbo ascendente, aunque esta vez, el viaje era más corto: Decisión estratégica de espacio…El tercer piso había sido el menos poblado en el recorrido por llegar a sus clásicas dosis de café de los Sábados, por lo tanto, era el elegido para instalarse.

Arrimando los últimos escalones y observando el panorama casi vacío del pasillos central, los alumnos asentaron con sus cabezas mirándose entre si como afirmando que el tercer piso fue la mejor elección: Automáticamente se plasmaron en posición de indio en el piso a escribir en sus cuadernos, cuando de repente, todos detuvieron su mirada en un joven de camisa blanca que pasó caminando en la desolación del pasillo. Lo particular era su concentrada mirada en el piso, y sus movimientos de labios que dejaban salir palabras por lo bajo mientras caminaba con unas hojas impresas con renglones resaltados en mano que daban cuenta de ser una especie de resumenes. Era eso, estaba estudiando, no estaba loco, sino repasando para un examen. La convulsión de este Sábado facultativamente atípico era hija de finales.

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